La comida puede ser una medicina, pero también un veneno. Considerar esto es esencial tanto para prevenir enfermedades como para recuperarse de una enfermedad.

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Seguramente has escuchado hablar muchas veces de la Nutrición Funcional. Pero, ¿sabes realmente qué significa este estilo de nutrición?

La nutrición funcional cambia el enfoque tradicional centrado en la enfermedad hacia un enfoque más centrado en el paciente y en las causas que provocan su malestar, síntoma o enfermedad. Se ve a la persona como un ser íntegro y no sólo como un conjunto aislado de síntomas. Y se trata a la persona desde su base fisiológica, enfocándose en conocer en profundidad cómo funcionan todos los sistemas del cuerpo y cómo interactúan entre sí (dando como resultado un síntoma, síndrome, trastorno o enfermedad), y examinando la forma en que el alimento afecta al cuerpo a nivel celular.

Es un enfoque de curación centrado en el paciente, donde se evalúa su estilo de vida, su composición genética y sus entornos internos y externos. En base a esto se crea un plan individualizado que restablezca y mantenga una salud óptima.

La enfermedad crónica siempre se precede de alteraciones en las funciones de uno o más sistemas corporales.

En la nutrición funcional se buscan las causas más profundas y los disparadores internos que están ocasionando un problema de salud. Muchas veces se basa en mejorar órganos y sistemas, como por ejemplo, sellar la barrera intestinal, desintoxicar el hígado, mantener la glucosa estable y las hormonas del apetito balanceadas, disminuir el estrés adrenal y desinflamar a nivel celular, además de encontrar causas ocultas como virus, bacterias, parásitos, deficiencias nutricionales o hábitos que desgastan al organismo de manera silenciosa.

Nutrición Funcional 2

Dentro de la nutrición funcional,  se usa una variedad de alimentos funcionales y nutraceuticos respaldados científicamente. Estos son aquellos que aportan beneficios a nuestro organismo, que van más allá de lo netamente nutritivo o saciador. Entre estas ventajas, se encuentran la prevención de múltiples enfermedades crónico – degenerativas, el refuerzo de las defensas naturales de nuestro organismo o la incorporación de un potente antioxidante para reducir el stress oxidativo y combatir el envejecimiento prematuro.

Por ejemplo,  se pueden usar alimentos naturales y completos, así como alimentos enriquecidos como panes con agregado de fibras o jugos con antioxidantes.  O alimentos que no aportan ciertos nutrientes comunes, como productos sin gluten, dependiendo de las necesidades del paciente. Asimismo, otro ejemplo de alimentos funcionales y nutracéuticos son las isoflavonas de soya,  la clorofila, los ácidos grasos Omega 3, los complejos vitamínicos, las fibras solubles e insolubles y los probióticos.

La comida puede ser una medicina, pero también un veneno. Es mucho más que calorías, pues hay miles de moléculas ingresando a nuestro organismo generando una interacción a diario. Considerar esto es esencial tanto para prevenir enfermedades, así como para recuperarse de una enfermedad, recuperar un peso saludable y mantenerse equilibrado.